Artículo de Jose Antonio Luengo, psicólogo de la Escuela de Fútbol Getafe y Secretario de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.. Experto en Psicología del Deporte y de la Actividad Física

Twitter: @jaluengolatorre blog: https://blogluengo.blogspot.com/

Hace un mes aproximadamente, la prensa generalista y también la deportiva se hizo eco del resultado con el que terminó un partido de la categoría de benjamines en la Comunidad de Madrid ( link a la noticia mencionada) . Un equipo, el débil, claro, encajó 31 goles a lo largo y ancho del partido en el que, sin lugar a dudas, sus jugadores entregaron todo lo que llevaban dentro para cumplir con su obligación e intentar obtener el mejor de los resultados.

Pero también con el de jugar al fútbol y aprender. También para competir, por supuesto. Pero esencialmente, aprender. En muchos sentidos, todos los que presenciaron el partido en cuestión (no solo los jugadores) sacaron muchas lecciones, seguro. Más uno, por decir algo, aprendió a disfrutar de la humillación, el desprecio, el desdén, el doblegamiento, incluso la burla… Mas de uno salió de las instalaciones deportivas con el pecho henchido de gloria, de satisfacción. Pensando exclusivamente en su ombligo, en la vanidad, la jactancia y la altanería. Sin reparar en el posible daño (no irreparable, por supuesto) infligido a quien sufre no la derrota, sino “ese tipo de derrota”; la que veja, humilla, casi excluye.

Otros, probablemente los que sufrieron la derrota, aprendieron mucho, indudablemente. Entre otras cosas, a conocer el doloroso sentimiento de la humillación. A ser protagonistas de un hecho en el que, por encima de las condiciones que mercan los principios esenciales de la competición, vivieron la experiencia de ser pasados por encima de una manera degradante y deshonrosa.

Saber perder y saber ganar es fundamental en la vida y, también, en el deporte. Y debe formar parte de los procesos de enseñanza y aprendizaje que los adultos ponemos al servicio de los espacios que consideramos educativos. Pero, no puede valer todo. En el ámbito educativo (y las escuelas de futbol forman parte sustantiva de él), reflexionar sobre estas experiencias y aprendizajes, perder y ganar, debe ser condición obligada de los directivos y, especialmente de los equipos técnicos. Claro que determinadas normas esenciales pueden ser de interés para acotar determinadas prácticas, pero es necesario que nuestro colectivo de entrenadores y técnicos aúnen criterios para hacer de la práctica deportiva un escenario honesto, asentado en la dignidad, la humildad y el buen trato. ¿Es compatible esta visión con enseñar y aprender a competir? No tengo duda de ello. Ninguna.

Tenemos mucho margen de mejora. Apliquémoslo. Todos y todas saldremos ganando.

Autor: Jose Antonio Luengo Latorre